Cine

Review: The Conjuring 2

by Colaboradores 10/06/2016
  

El director de "Saw" dejó muy atrás la crudeza de aquella y vuelve a apostar por el terror clásico con The Conjuring 2, en una secuela que asusta tanto como la primera. ¡Sin spoilers!


Con "The Conjuring" (2013) (pueden leer nuestro review acá), James Wan demostró que hasta la historia de terror más cliché funciona bajo una buena dirección. Tres años más tarde, las aventuras paranormales de los cazafantasmas eclesiásticos Ed y Lorraine Warren continúan en una nueva entrega tan aterradora como su predecesora.

Los hechos en los que está basada la película ocurrieron a fines de los años 70, en el barrio obrero de Enfield, al norte de Londres, Inglaterra, resultando en el caso paranormal más mediático hasta la fecha. La familia Hodgson fue atormentada por un poltergeist que golpeaba paredes de noche, sacudía muebles y se comunicaba a través de Janet, de 11 años, quien repentinamente hablaba con la voz rasposa de un anciano sin siquiera abrir la boca. Investigadores como Anita Gregory explicitaron sus dudas al respecto, basadas en pruebas sólidas que mostraban a las hermanas Janet y Margaret falseando supuesta actividad paranormal. A pesar de esto, otros creyeron en la versión de los Hodgson, como Maurice Grosse, miembro de la Sociedad para la Investigación Psíquica, y los investigadores paranormales Ed y Lorraine Warren.

La película ficcionaliza y amplía la participación de los Warren en Enfield, que en realidad fue casi nula. Tras participar en la investigación de Amityville, Ed y Lorraine (Patrick Wilson, Vera Farmiga) viajan a Inglaterra para visitar a Peggy Hodgson (Frances O’Connor) y sus cuatro hijos, una familia en ruinas que es acechada por el espíritu de Bill Wilkins, un anciano que reclama la casa como suya y disfruta de asustarlos. James Wan toma aquella discusión sobre si fue real o no -quizás lo más atrapante del caso real- y lo traslada a la película a través de los personajes de Gregory (Franka Potente) y Grosse (Simon McBurney), agregando un giro al final que, aunque esté fuera de los “hechos reales” en los que está basada la película, es interesante y funciona como cierre.

Lo ocurrido en 1977 resultó en una fuente de fotografías, videos y audios de Janet Hodgson en su esplendor rabioso y sobrenatural, levitando en su habitación y hablando con voz demoníaca en el living de su casa. La película parece calcada de aquellos archivos; Wan, el director de fotografía (Burgess) y los directores de arte (Gavin, Holland, Rothschild) son fieles a las fuentes y no dejan pasar un solo detalle por alto, logrando planos impecables y visualmente extraordinarios. Notoria es la admiración de Wan por The Exorcist (Friedkin) desde la primera The Conjuring. El filme de 1973 sigue funcionándole como referencia ideal en todos los casos, ya sea para tomas del exterior de la casa o de camas sacudiéndose. Por otra parte, mostrar demasiado la “cara del mal” le jugó en contra en la película anterior y continúa haciéndolo en esta, sumándole un uso más llamativo del CGI, resultando en distracción, y contrastando mucho con la estética de terror de los 70. El tira y afloje entre escenas tensas y relajadas es la forma más acertada de asustar de Wan y no falta en esta secuela, volviendo a hacer uso principalmente de zooms lentos, paneos acompañando a los personajes frente a situaciones tenebrosas y suaves cámaras en mano, casi imperceptibles.

Una vez más, Wan nos pone frente a personajes genuinos e interesantes para involucrarnos en la historia. En primer lugar están los Warren, quizás el mayor atractivo de la franquicia y definitivamente el sostén de las películas. Ed y Lorraine se presentaron carismáticamente en la primera parte, en esta oportunidad podemos conocer más sobre ellos como enamorados y padres de Judy. La química entre Patrick Wilson y Vera Farmiga es inquebrantable, siendo nuevamente Farmiga quien resalta en la dupla dramáticamente, mientras Wilson cumple como soporte y agrega liviandad en las escenas más descontracturadas. En segundo lugar, Madison Wolfe da una interpretación sólida en el papel de Janet, personaje crucial para empatizar con los Hodgson. Wan presenta otra vez un grupo de niños fuera de los estereotipos, resaltando Billy, el hermanito tartamudo de Janet y el primer papel en cine de Benjamin Haigh.

Al igual que la primera parte, The Conjuring 2 no presenta novedades para el cine de terror actual, pero funciona como homenaje al cine clásico y reivindica al cine de estudios. El uso del CGI añade actualidad a la película, y aunque desentona con el resto, nos recuerda que lo que estamos viendo es una película nueva. Quizás sea la manera de James Wan de marcar un posible camino para el cine de terror de los próximos años, inspirado por aquellos títulos viejos de los que es fanático pero apostando por las novedades tecnológicas; en ese sentido, The Conjuring 2 es un experimento fallido. Sin embargo, Wan sigue siendo detallista y fanático; la calidad de la producción no bajó en relación a la primera, y eso es un mérito enorme para una secuela de terror que, al fin y al cabo, logra su cometido: entretener y asustar.


Por Mar Almazán



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