Cine

Review: The Conjuring (2013)

by Colaboradores 01/06/2016
  

A días del estreno de la segunda parte de The Conjuring de James Wan, recordamos por qué la primera es original y aterradora a pesar de tener todos los clichés de una película de terror.


Lo hemos visto todo. El género de terror sobrenatural reitera sus clichés una y otra vez, y los fanáticos de aquel continuamos tropezando con la misma piedra, con la misma casa embrujada, con los mismos muñecos poseídos, con los mismos jump-scares.  A pocos días del estreno de la segunda parte de The Conjuring (2013) de James Wan, me interesa remarcar la importancia de la primera. Superficialmente es otra película de terror similar al resto, pero en su relato abunda la creatividad de un director que es, sobre todo, amante del género.

Basada en una historia real, la película presenta a Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson, Vera Farmiga), un matrimonio de investigadores paranormales dedicados a dar una explicación lógica a supuestos fenómenos sobrenaturales, o combatirlos, en el caso de que sean reales. La familia Perron (Ron Livingston, Lili Taylor) acude a ellos cuando, tras haberse mudado a una casa muy antigua, experimentan situaciones fuera de lo común y temen por la vida de sus cinco hijas.

Ningún detalle de la historia es novedoso. Los Warren (los reales) afirman que el caso Perron es el más espeluznante de su carrera por cómo se desenvolvieron los hechos, y aunque es la primera vez que es llevado a la pantalla grande, no se siente muy distinto a otras películas similares: una de las hijas se hace amiga de un niño que solo ella ve, la madre tiene marcas extrañas en el cuerpo, se caen cuadros de las paredes, etc.

Sin embargo, la película se distingue por la forma en la que el director elige contar los acontecimientos. En vez de crear algo nuevo, Wan hace uso de la estética y dinámica del cine de terror de los 70, época en la que se dieron los hechos, sumando nostalgia a la experiencia y recordando a películas como The Exorcist (1973), Don’t Look Now (1973) y The Amityville Horror (1979). Aunque no experimente con la calidad de la imagen, más que un homenaje, The Conjuring se siente como una película de aquella época, desde la tipografía de sus títulos iniciales a los zooms ocasionales. Es cierto que fuera de Hollywood hemos visto casos similares a este previamente, sea el más llamativo la independiente The House of The Devil (2009) de Ti West, pero tras una época de exceso de torture porn -popularizado justamente por Wan con Saw (2004)- y finalizando la explosión del found footage, es importante tener en cuenta las películas que se destacan en un género tan repetitivo y difícil de renovar.


En muchos casos, los escritores de guiones de terror olvidan que, para involucrarnos con la historia, los espectadores requerimos conocer a nuestros protagonistas e identificarnos con ellos. Previa interrupción de lo sobrenatural, The Conjuring permite conectarnos con los Perron siendo una familia unida, logrando más adelante que nos preocupemos por ellos cuando todo se desmorona. Los Warren también tienen su cuota en pantalla como familia junto a su hija Judy, y el paralelismo entre ambas familias es un recurso clave para el arco de la historia. Las interpretaciones son fundamentales para que una película funcione, y en este caso, bajo la presión de estar basada en hechos reales, los actores muestran realidad y no fantasía. Lili Taylor convence en su papel de Carolyn, madre cuidadosa y afectiva, y las cinco hijas, interpretadas por cinco jóvenes actrices, son genuinas y lejos están de los estereotipos. Por otro lado, la química entre Wilson y Farmiga es indiscutible; usando el escepticismo de muchos a favor, la pareja protagonista se presenta carismáticamente.

Son abundantes las escenas colmadas de tensión, pero el guión escrito por Chad y Carey Hayes ubica estratégicamente recreos aliviantes en los que las relaciones entre los personajes se fortalecen. Es así como muestran a ambas familias desayunando juntas o a Ed Warren intentando arreglar el auto de Roger Perron, dejándonos respirar antes de reintroducirnos en situaciones atemorizantes. Wan elige asustar mediante el uso de lo desconocido y principalmente lo no visible, tensionando y relajando, haciendo crecer las expectativas hasta llegar al clímax: un exorcismo que honra a The Exorcist en su espectacularidad, pero falla al compararlo con el suspenso al nos sometió previamente, cuando todavía el mal no tenía identidad concreta. El mal está encarnado en una bruja que, luego de haber sido descubierta por su marido intentando sacrificar a su hijo, se suicidó tras maldecir a todo el que habite la casa posteriormente. La representación de la bruja en cuestión es aterradora gracias a un excelente trabajo de maquillaje y los jumpscares necesarios, sin embargo, es interesante cómo otras películas también se ocupan de brujas satanistas de manera menos explícitas. The Witch (2015), por el momento la última de una camada de exitosas películas renovadoras del terror -junto con It Follows (2014) y The Babadook (2014)-, explora el tema de manera exclusivamente psicológica, y consigue sus momentos de tensión a través de pausadas y silenciosas tomas. Los sacrificios de la bruja quedan fuera del relato; el director elige mostrar (siempre mediante claroscuros nocturnos) el accionar posterior, las consecuencias. En este sentido puede decirse que, mientras The Conjuring asusta, The Witch incomoda. The Conjuring sabe incomodar, pero su principal fin es entretener.

No hay nada particularmente novedoso en esta película y definitivamente no cambió las reglas del juego. Mientras la idea de una secuela presenta muchas dudas, ya que aquellas junto con las remakes son señales de la muerte del género, sabemos que hay esperanzas mientras existan películas como The Conjuring, que nos remitan a clásicos indiscutibles. Gracias a nuevos directores (Jennifer Kent, Robert Eggers, David Robert Mitchell) influenciados por el cine de los años '70 y '80, el terror comenzó a refrescarse de a poco. Por lo pronto, la reversión a los '70 era exactamente lo que esta historia necesitaba para funcionar; fórmula que, a los amantes nostálgicos del género y siendo James Wan uno de nosotros, no nos decepciona.


Por Mar Almazán



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