Música

Review: Sun Kil Moon - Benji

by Colaboradores 06/04/2014
  

La banda de Mark Kozelek presentó su sexto disco de estudio titulado "Benji", un melancólico e introspectivo disco lleno de folk.


Oh, Carissa when I first saw you

You were a lovely child
And the last time I saw you
You were 15 and pregnant and running wild

Así comienza la primera canción de Benji: con una desilusión. De más está decir que las cosas no se ponen mucho más alegres después de eso.

El último disco de Sun Kil Moon (actual pseudónimo favorito de Mark Kozelek) está marcado por esa primera estrofa, una suerte de mapeo de los senderos que se exploraran con más profundidad en cada viñeta. Aquí ya se intuye esa resignación frente a lo que se observa, la familiaridad de personajes cotidianos envueltos en una lírica que no busca crear metáforas, sino encontrarlas; contrapunto entre pasado y presente. Esto último quizás sea lo más importante, ya que Kozelek, como todo autor inteligente, comprende que el contraste no es algo que deba forzarse. Las moralejas y mensajes se los deja a los autores de cuentos para niños. Benji es adulto, serio, y encuentra sus claroscuros en una realidad que se desdobla por sí misma, haciendo de Kozelek un trovador más que un músico.


Particularmente ilustrativa de este aspecto de su obra es la canción I Watched The Film The Song Remains The Same, una suerte de tour de force compositivo, en la que, sí, Kozelek comienza narrando la primera vez que vio la filmación de Led Zeppelin, pero que luego se revela como algo mucho más profundo. Se nos arrojan líneas como “I don't know what happened or what anyone did, but from my earliest memories I was a very melancholic kid”. No se equivoquen: esta no es una canción, es el diario íntimo de alguien que tiene mucho para decir y muy poco tiempo para decirlo. Ninguna palabra está de más. La poesía de Benji es efectiva porque refleja tan maravillosamente la realidad que esta no necesita ningún adorno. Por encima de unos arpegios de guitarra sacados de la Academia “Tim Buckley en Happy Sad”, la canción resuelve como una suerte de epifanía en la que Kozelek anuda memorias de su infancia (“And when we got the call that my grandmother passed, the nervous tension I'd been feeling for months broke, and strangely I laughed”) con el momento en que finalmente se convirtió en un músico profesional. Digo epifanía porque más que en ninguna otra parte del disco, hay una sensación palpable de que el autor está comprendiendo lo que narra al mismo tiempo que nosotros.


Ahora bien, este es un disco, y estamos acá por la música. Entonces, ¿es la música buena? Sí, es buena. Punto. Buena. Si bien es comprensible que en composiciones con tanto peso narrativo el acompañamiento pierda un poco de brillo, lamentablemente a veces nos quedamos con la sensación de que se podría haber hecho un poco más. La guitarra estilo “Springsteen en Nebraska-primer Dylan” le sienta muy bien a un álbum de tono intimista y con letras tan personales, pero la voz de Kozelek carece de la elasticidad vocal de esos dos artistas, y hay veces en las que se cae en una suerte de monotonía. I Love My Dad, en clave country-rock, y el cierre Ben’s My Best Friend, son refrescantes porque quiebran con esta estructura. Esta última composición es particularmente importante en el disco, ya que retoma la temática autobiográfica de I Watched The Film The Song Remains The Same, pero ahora desde otro lugar: el músico ya consumado, pero agobiado por la banalidad de la vida cotidiana. Una cantidad ridícula de detalles que hasta irritan por lo irrelevante (“Got on the phone and I called my mother, and called my father, talked a little bit with my sister”), al punto de que se llega a describir minuciosamente lo tonto que se sentía el protagonista en un recital lleno de gente más joven que él, desembocan en una reflexión cálida e inesperada acerca de la falta de inspiración musical, y su alternancia con momentos de creatividad maniática. De vuelta el contrapunto; de vuelta el descubrimiento del verdadero sentido de lo que se cuenta, en el momento en que se lo está contando.

"Benji" puede no ser para cualquiera. Es lento por momentos, y a veces cuesta sacudir esa rara sensación de “¿realmente me está contando cómo murió su amigo a los doce?”, pero vale la pena. La música, por más simple que sea, está pulida excelentemente, y las historias tienen una autenticidad que no se puede fingir. Kozelek nos abre las puertas de su vida, tal vez para comprenderla él también un poco mejor, y uno no puede menos que sonreír en esos momentos en los que parece que te mira a los ojos y dice “valió la pena tanto esfuerzo”.


Por Lucas Gregorini





Tags:   Benji Sun Kil Moon

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