Cultura Pop

El fuego helado de Helmut Ditsch

by Colaboradores 25/03/2014
  

Revolutio habló con el gran pintor argentino Helmut Ditsch y analiza su inmensa obra y su busqueda del espírtu de la naturaleza.


Vemos los inmensos glaciares extenderse sobre el lienzo. Comprendemos en nuestro cuerpo que dichos paisajes nunca podrían haber sido logrados por una cámara de fotos. Los hielos, que se sienten como eternos, son el resultado de la evolución del realismo que comenzó con el Renacimiento, pasando por el Impresionismo, los girasoles de Van Gogh y la naturaleza geométrica de Cézzane. Se lo podría considerar como híper Realismo, pero catalogarlo así sería simplemente muy sencillo. Sus cuadros son la naturaleza hostil que vuelve a reclamar su lugar ante el hombre; es el sentimiento de inmensidad frente a nuestra sociedad efímera. Es la obra monumental de Helmut Ditsch que desafía al espectador a experimentarla y no solo contemplarla.


¿Por qué no una fotografía?
Davin Hockney, artista británico, dijo: “Una cámara no es capaz de ver lo que ve un hombre: siempre se pierde algo”. Es cierto que la fotografía puede captar la luz del universo en un momento específico, pero hay que entender que la obra de Ditsch no es la simple imitación del paisaje, es la re significación de la naturaleza. 


Ditsch no es ajeno a los paisajes que pinta. Él escala las montañas y glaciares que luego pinta. Siente el viento frío en su rostro y ve la naturaleza incivilizada ajena a nuestras teorías estéticas o fines económicos. Este mundo hostil y salvaje inconquistable por el hombre no es capaz de ser apreciado en un simple instante; plasmar esos paisajes es el final lógico de la vida y estudio de Helmut Ditsch, y solo mediante su propia mano él es capaz de mostrar su experiencia de la naturaleza.

 


Más que una ventana
Desde Duchamp, la tarea del artista no es generar placer estético (eso es algo para los diseñadores), sino apartarse del mundo e intentar generar sentido u observación mediante la presentación de ideas que no tienen otra función mas allá de su propia existencia.
Con las pinturas de Ditsch los paisajes dejan de tener un simple fin estético ya que no hay un concepto universal al que tanto la naturaleza como su arte deben adaptarse: la obra de Ditsch no debe entenderse desde un punto de vista platónico. En Platón las obras de arte, o las artes propiamente dichas, son consideradas por razón de la teoría de las ideas una mera imitación de una imitación, mientras que la obra de Ditsch es la potencia creativa del hombre. Es la creación de un mundo adversario y ajeno al hombre, un mundo oculto al entendimiento del hombre y como él mismo dice, un mundo que debe ser experimentado. 


Cézanne (1839-1906) dijo: “Todos los pintores deben consagrarse en cuerpo y alma al estudio de la naturaleza”, y esto se ve claramente en la obra de Helmut Ditsch. En sus obras la naturaleza adquiere un significado espiritual y de contra punto de nuestra sociedad.
En sus pinturas se produce el choque entre nuestra líquida y efímera sociedad contra el inevitable paso del tiempo. Y las dos ideas no son lo mismo. Ya que lo que hacemos como sociedad es tratar de impedir el paso del tiempo, de frenarlo, de negarlo. Mientras que la obra de Ditsch es la aceptación de este hecho. ¿Acaso el hielo no es un símbolo de la erosión? ¿Acaso sus desiertos inhóspitos no son el vacío de la eternidad? Y es que, a fin de cuentas, sus glaciares son la inmortalización de una eternidad transitoria que nos recuerda que la naturaleza se encuentra sometida al tiempo. 


A su vez, vemos en su obra un mundo dinámico que está fuertemente arraigado con el hecho de la falta de hombres. La humanidad es un turista temporal en este mundo y nuestros actos son imperceptibles ante la tracción de la naturaleza.
Pero el punto más importante de la obra de Ditsch es el significado espiritual de la naturaleza. Aún siendo hostil y ajena al hombre, la naturaleza de Ditsch es belleza pura. Es una belleza que borda lo sublime porque es lo más elevado, lo más impresionante y lo más admirable. Ante ella uno se siente demasiado pequeño y encuentra difícil comprender tanta grandeza. Es una belleza que arrebata, porque no se entiende que algo semejante sea posible y se termina convirtiendo en una belleza que nos eleva.
El lienzo deja de tener la intención de ser una mera ventana y pasa a convertirse en un mundo por sí misma.

Vincent Van Gogh (1853-1890) escribió: “El arte es el hombre agregado a naturaleza”. En la obra de Ditsch sus pinturas son la naturaleza y el espectador el hombre. Es por eso que nosotros, los espectadores, ocupamos un rol fundamental en la obra de Ditsch. Queda en nosotros decidir si queremos ver en ella un simple paisaje bonito o la potencia del hombre ejercida.

Encuentro en sus hielos el fuego sagrado de la humanidad. 



Por Ain Bosisio



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